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15 DISCOS CORDOBESES DEL 2025

Una foto que no termina de quedarse quieta. Un recorte necesariamente enmarcado, contextualizado, pero para nada limitante. Por el contrario, la sensación efervescente de que hay barreras que ya no existen; y las otras, las que todavía persisten, están ahí a mano para romperse deliberadamente.

Sangrando Sonidos y su equipo han trazado un mapa de coordenadas variopintas en torno a lo ocurrido en el ámbito de la música cordobesa durante estos últimos doce meses. 

Cuando el final de 2025 se hizo inminente, comenzó a tomar forma la lista que a continuación intentará, en vano, condensar “lo mejor del año”. Porque, aunque estemos en tiempos de prompteo a destajo y síntesis de la síntesis, no se puede resumir aquello que es franca y felizmente inabarcable. Pero sí se puede ordenar, clasificar, argumentar y exponer razones para una selección posible, nunca del todo estanca. Una instantánea que se parece más a los portarretratos con imágenes en movimiento de Harry Potter que a una piedra tallada para la posteridad.

La selección que van a leer a continuación teje su arbitrariedad a partir de la experiencia particular de cada cronista con la obra reseñada. Aquí, la prosa y las imágenes descriptivas son tan importantes como las canciones y los conceptos que buscan ponderarse dentro de un volumen de lanzamientos tan frondoso como una selva tupida. Esa relación -el disfrute de la música puesto en palabras- atraviesa a estos 15 discos seleccionados y diseccionados con amor, pasión, y también con una cuota de ambición expresiva.

Hay un par de criterios importantes. Es una selección de discos (no EPs, ni singles, ni sesiones en vivo) y de obras realizadas en la ciudad y alrededores, teniendo en cuenta que hablamos de una escena que también ha sabido exportar algunos exponentes hacia otras latitudes. Esto se trata de Córdoba aquí y ahora, de lo que puede verse cualquier fin de semana en Güemes o en algún valle serrano a un bondi de distancia, de lo que convive cotidianamente con eso que llamamos idiosincrasia local. 

Dicho esto, lo que queda es entregarse a la lectura y al contrapunto de opiniones y argumentos. La buena noticia es que nadie tiene que resultar vencedor. Ya ganamos, lectores, desde el momento mismo en el que el proyecto y sus colaboradores se aventuraron en este viaje. Uno que implicó revisión y comparación, elección y descarte, arrepentimiento y más reflexión. De eso se trata hacer una lista, y eso es lo que han llevado a cabo los integrantes de Sangrando Sonidos. A nosotros nos toca la parte más relajada: la de leerles y escuchar toda esta música que nos habla de frente. 

Hip hop, rock, pop, indie, lo-fi: canciones de origen popular con más o menos cuota de experimentación sonora, y con una necesidad irrestricta de contar su tiempo y espacio. Una posible banda sonora de un presente complejo y hostil, pero definitivamente nuestro.

Juan Manuel Pairone 


¡HOLA TODO ABRIDO! – A LA VERA, LUCÍA

Por Belén Pretto

A la Vera, Lucía está dejando una huella en la escena alternativa cordobesa. Gestado en plena transición de formaciones, su tercer trabajo en estudio llegó para confirmarlo. Con doce tracks que llegan a estirarse hasta los siete u ocho minutos, ¡Hola todo abrido! marca una ruptura: desafía la lógica del consumo rápido y transgrede el lenguaje desde su propio título. Climas construidos con paciencia, texturas intensas que inducen a la introspección y voces crudas que exponen revelaciones internas: en ese entramado se enuncia la luz y la oscuridad que habitamos, dualidad que recorre el disco de principio a fin.

En lo musical, el álbum apunta a una organicidad real. Se escucha el roce de los dedos en los arpegios, el crujido de una silla, respiraciones que se filtran en el mic, la lluvia golpeando la tierra húmeda. Suena como si hubiese sido grabado en una sala cavernosa, con una ecualización que unifica a la banda en un mismo cuerpo. La batería por instantes es arenosa, casi jazzera; la voz pasa del susurro fantasmal al grito agudo de piedad; los coros se suman como espectros que levitan y arman una sonoridad lúgubre. En medio de esa espesura, irrumpe un piano que brilla y lo ilumina todo, dibujando un perfecto equilibrio entre la noche y el día.

Las letras aparecen como un punto de peso poético, elaboradas y sentidas desde una verdad profundamente subjetiva. “Lo que parece detenido solo está cambiando de dirección como el astro en el pecho gravitando alrededores hasta sentir las eses de las curvas”, dice Federico Burgi en “Indoenelai”. En esos momentos, la intensidad emocional se vuelve tan densa que se torna oscura y vulnerable. Son imágenes que persisten en la mente, casi como un eco.

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ANTES DE CAMBIAR – CHUNKANS 

Por Manuel Rivero

Antes de Cambiar tiene el olor que tenía soñar despierto en la secundaria: a pósters de revista pegados en las paredes de un cuarto desordenado, a una pila de discos heredados y a la guitarra sobre la cama.

Los hermanos Pautasso sostienen Chunkans como dos columnas entre las cuales se desata un tornado. De un lado, un conjunto de ritmos a diferentes tiempos que marcan los climas de las canciones; del otro, riffs que recuerdan a los clásicos del midwest emo y acordes implacables, anormales, extraídos o bien del mundo del post-rock o de alguna dimensión sonora poderosa.

Se percibe sofisticación y horas de práctica en la búsqueda de los elementos con los que Julián (batería y voz) y Mateo (guitarra y voz) llevan a cabo sus composiciones, pero es la simpleza medio punk a la hora de ejecutarlas lo que termina de darle forma a la identidad que empieza a encarnar Chunkans con este álbum debut. 

Crecer es una transformación. Por momentos, la nostalgia, el miedo y la adrenalina se mezclan en un híbrido deforme y violento que es difícil de traducir. El dúo lo hace de manera excelente, en un idioma propio que promete ampliarse canción a canción: “Eras especial antes de cambiar”, cantan en el tema que da nombre a la obra. 

¿Quiénes serán ellos después? ¿Quiénes seremos nosotros? Por ahora, parece no importar demasiado. Lo único que sabemos es que este presente instantáneo está bien musicalizado. Con eso alcanza.

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GOTA PEDAL – GOTA PEDAL

Por Luana Belén Illuminati

El debut homónimo de Gota Pedal condensa una búsqueda que la banda viene transitando desde hace años, ahora con una formación renovada que incorpora dos voces y guitarras eléctricas (Giuliano Pesetti y Julieta Menguó), teclado (Menguó), bajo (Eber Leguizamón) y batería (Caco Fernández). Entre 2022 y 2024, los ex Vilo Volcán moldearon siete canciones donde la transformación aparece como motor emocional: cada tema funciona como un estado distinto, con identidad propia, unidos por una sensibilidad rockera que se mueve entre la energía pop, la potencia escénica y una intensidad casi teatral.

La estética circense del disco —un chapiteau, un caballo de carrusel, un payaso— no es solo un gesto visual: dentro de cada canción hay un pequeño espectáculo. “Película abre el recorrido con una letra que expone el dilema entre lo que duele y lo que debe transmutar, mientras que “Bolero” juega con el anhelo, la pérdida y ciertas nostalgias de bar que parecen flotar entre los versos. Nada suena igual a lo anterior: Gota Pedal invita a entrar y quedarse, como quien atraviesa una carpa sabiendo que algo lo va a sorprender.

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ERRANTE – JULIETA MENGUÓ

Por Santiago Miranda

Desde su título, el primer disco del proyecto solista de Julieta Scianca (Vilo Volcán, Gota Pedal, Lolas Tristes) traza una poética particular: la de lo esquivo. El cuerpo de Errante es fantasmal, una maqueta hecha de canciones que se revelan como recovecos, recuerdos abandonados y sueños espectrales. 

“Tal vez no deba comprender / si me perdí o encontré”: sobre esa encrucijada, Menguó usa el art pop para diseñar un laberinto donde su voz deambula en busca de lo que no puede hallarse. Plagado de ausencias, su sonido se construye en esa extrañeza. La música se escapa entre ecos: motivos que aparecen, desaparecen y, solo a veces, retornan. En los intersticios, las piezas filtran su fuerza. “Plutón”, por ejemplo, cobra forma en la tensión entre lo orquestal, lo acústico y lo electrónico. Instrumentadora total de la obra (salvo aportes puntuales de sus compañeros de Gota Pedal en la genial “Invisible” ), Julieta le estampa una impronta tan personal como fascinante.

Escuchar Errante se siente como jugar en contra de la memoria: nunca se deja recordar del todo. Uno regresa solo para volver a extraviarse. Una y otra vez.

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ÉPICAS SAGRADAS – LA FORASTERÍA

Por Franco Benvenuto

La tercera entrega discográfica de La Forastería brota desde las sierras de Punilla como un remolino de psicodelia andina y folktrónica que invita a desprender el cuerpo. Durante siete canciones, Épicas Sagradas propone una sumersión total de 45 minutos, en los que la electrónica se cuela con discreción para elevar los instrumentos sin quitarles protagonismo: suena a pasos cansados pero alegres, con los pies cubiertos de tierra de tanto bailar. 

Un colchón de bombos profundos, un downtempo ancestral y texturas orgánicas estiran el tiempo que se pierde en visiones que saltan de era en era. La trama sonora se construye en esa alquimia precisa, donde cada detalle gotea rocío bendito y potencia el ritual. El saxo de Esteban Galina es el brujo que hilvana el viaje con curvas hipnóticas, mientras la guitarra renueva el aire con intervenciones luminosas y el bajo irradia un calor volcánico que, lento, sostiene la marcha con una densidad magnética. 

Sobre esa base, la voz de Toni Volpen despliega un malabarismo tonal que pinta paisajes enteros y se funde en un abrazo con los coros de Matías Petruzzi. En esta odisea telúrica, la palabra empuja el trance: “Confío en que voy camino a Atitlán”, surge como un faro en el derrotero incierto, mientras “En mi vasija hay más que oro” revela capas de abundancia interior que nutren al sediento. Épicas Sagradas late en sintonía con la naturaleza y en cada acorde expande la afirmación de que todo es perfecto. Ahí yace su efecto: un despertar de los sentidos, un manto que envuelve y deja el espíritu ancho, listo para echar raíces.

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DANTE – MARGARIT4

Por Luana Belén Illuminati

MARGARIT4 explica que no hace música, sino que crea mundos. Su primer disco, Dante, es una obra pop-electrónica profundamente conceptual que toma como punto de partida La Divina Comedia para narrar un viaje personal, identitario y estético. A lo largo de nueve canciones se recorren tres estados —Infierno, Purgatorio y Paraíso— atravesados por la transición y la afirmación. MARGARIT4 sigue siendo MARGARIT4, pero también es Dante; el álbum cuenta ese renacer, ese paso por el fuego, la duda, la introspección y la celebración.

Del estallido fiestero y negador de Fuegoal trap oscuro de Ira, el Infierno se construye como una caída, un sacudón. “El Final abre una puerta: más calmo, más honesto. En el Purgatorio, canciones como “Pasado” y “Pecar” tensan el vínculo entre lo que se deja atrás y lo que acompaña entre sintetizadores, reggaeton melódico y un pulso emocional que se filtra entre los ritmos bailables. Luego llegan “Paraíso 1”, “Ideas” y “Todo lo que soy”, donde aparece la conversación con el yo pequeño, nuevas formas de vincularse y la alegría de reconocerse. Dante es una travesía íntima escondida en música de fiesta, donde la pista y la vulnerabilidad conviven sin pedir permiso.

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NAKAR – NAKAR

Por Santiago Miranda

Un acorde podrido transforma a la ciudad en un desierto rojo. La distorsión hace de termómetro y los grados suben hasta quebrar la imagen. El verano ya dejó de ser terreno de sueños: ahora es un páramo inhóspito y sofocante.

Ese parece ser el clima que reina en NAKAR, debut de la banda del mismo nombre, especie de supergrupo que reúne a varios talentos de la escena local. Durante ocho piezas, Manuel Mostaza (Pax & The Baby Boys), Tuka Wav (Trisomía), Matías Ruda y Gaspar Bochaka (dos nombres más que recurrentes del circuito) se unen para componer una road movie en colores sepia. A veces opaco, otras saturado, su ánimo oscila entre el trip de garage rock (“Morimos en verano”) y la balada acústica (“Directo a matar”). Lejos del virtuosismo, la lucidez de la instrumentación se revela en los motivos magnéticos con los que rodea a la voz líder. 

Quizás no haya hoy en Córdoba otro cantautor que encarne tanto el desencanto generacional como lo hace Manu Mostaza. Con una languidez que recuerda a la de Damon Albarn, su registro alberga la melancolía grave propia del no-future (“Rompieron las ganas de cantar”, dice en “MUZAK”). De su mano, el desaliento cobra una dimensión luminosa: “Fui solo un segundo / Algo que no dura más / Después vienen de vuelta / Los días y las noches que no sé llevar”.

NAKAR nace desde el abatimiento, lo que no le evita alcanzar destellos de una belleza tan pasajera como memorable. En todo caso, oficia de recordatorio: incluso en tiempos agobiantes, la derrota puede ser gloriosa.

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ILOOSER – NONOISE79

Por Manuel Rivero

El mundo se cae a pedazos. Mientras algunos parecen encontrar en el caos paletas de colores específicas, otros se concentran en el abanico de sonidos que ofrece este apocalipsis en cámara lenta. ILOOSER parece creado desde ese lugar; a través de un lente que absorbe acordes, ruidos, texturas y los mezcla en una lectura sonora del presente.

Andres Asia, el autor detrás de Nonoise79 que lleva más de veinte años construyendo un lugar en la música electrónica alternativa, busca trascender esa cuestión “zen” con la que suele asociarse al ambient. Que algo esté tranquilo no significa que no pueda perturbarte. Los recursos utilizados para este fin son variados: sintetizadores nostálgicos (por momentos cercanos a los primeros EPs de Recondite) se mezclan con fragmentos de incendios, maderas y cosas que se arrastran. 

Hay algo en la tensión irónica que se da entre lo abstracto que propone la música y las frases largas y terrenales que le dan nombre. Títulos como “Los chetos siempre llegan tarde y quieren contarla” o “Siempre me hablas desde tu bronceado de privilegios” marcan una postura un poco más explícita, en contraste con la delicadeza del ruido.

La desigualdad es inflamable. Andres Asia la mira arder y la traduce en un trabajo tan intenso como sutil. 

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FLORES DEL DILUVIO – PINKERTON

Por Luana Belén Illuminati

En su sexto álbum, Pinkerton despliega ocho canciones que viajan por la inocencia, la amistad, el amor, el desamor y ciertas escenas de la vida cotidiana. Su propuesta mezcla indie rock y pop alternativo, combinando la frialdad lo-fi con arreglos cuidados y un espíritu casi confesional. Letras como “Voy a salir al sol a reírme un rato con alguien” o la narrativa de “Chicos Entrometidos” refuerzan esa búsqueda simple y humana: mirar el mundo con la sensibilidad de quien observa desde una ventana conocida.

Si el clima uniforme del disco puede volverse por momentos previsible, es justamente esa honestidad la que lo sostiene: Pinkerton sabe quién es y compone desde ahí. Flores del Diluvio no pretende reinventar nada, sino quedarse en ese lugar donde la canción es refugio: una pequeña luz sobre las montañas después de la tormenta. 

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LAMENTARIO – SALAS VELATORIAS 

Por Manuel Rivero

Quizás sea la ciudad, que parece estar derritiéndose, pero hay algo en Lamentario de Salas Velatorias que transmite calor: un calor incómodo, el que generan las flores podridas en lugares cerrados, el que sentirías si metieras la cabeza adentro del horno en Navidad, el que abandona de a poco un cuerpo bajo tierra que aún necesita hablar. 

Después de dos EPs y un álbum debut que ya daban indicios de un estilo propio, la banda de Río Cuarto estuvo a punto de separarse, pero pegó un volantazo para volver al escenario y a los estudios. De no haber tomado esa decisión, hubieran arrebatado la posibilidad de escuchar una serie de canciones que se quedan en la mente y en el cuerpo, esas que obligan al público a corear no solo los estribillos sino también las partes instrumentales, las que se tocan en un fogón con la guitarra desafinada o se poguean sujetando un trapo enorme.

Al igual que su predecesor — Salas Velatorias (2023) —, Lamentario toma elementos del post-punk, pero esta vez los pone a jugar con piezas específicas del rock nacional. A primera escucha parece una obra con alma ricotera; sin embargo, a medida que avanzan los temas, queda demostrado que los fragmentos que recuerdan a discos como La Mosca y la Sopa u Oktubre conviven sin fricción con los pasajes que remiten al groove de Soda Stereo, todos integrados dentro de un mismo concepto estético.

Claro que esto tiene que ver con la pincelada propia: la que dibuja lágrimas en las estatuas que adornan los cementerios. Esa vena mortuoria subrayada en todos los detalles del proyecto no parece una búsqueda cool para hacerse los raros, sino algo inevitable. Como en un libro de cuentos de terror, alguien nos habla porque tiene algo para decir y punto.

Cripto bros estafados, difuntos que vuelven, sueños febriles, despedirse del barrio y de esta realidad fragmentada: hay un aire de final en Lamentario que, irónicamente, sugiere el inicio de un universo que se siente enorme. Supongo que, de alguna manera, la muerte también es un poco así.

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TRAGOS CAROS – SERGIO CUELLO

Por Belén Pretto

Hay discos que parecen filmados en la noche, con la pantalla sucia de un televisor de tubo tirando estática. Tragos Caros crea una atmósfera sensual, fantasiosa y cinematográfica, como una peli que podría aparecer en I-Sat cuando ya no queda nadie despierto. Erótico, pero de una manera doméstica y noventosa, con sonidos cargados de imágenes: un teléfono de línea, la monotonía del zapping de madrugada, luces de neón filtradas por un living en penumbras. El primer álbum de Sergio Cuello parece hablar del deseo como expectativa más que como acción. Es íntimo, sugerente y onírico.

Detrás del brillo y el synth-pop suave, Cuello enhebra algo más profundo. Ese imaginario noventoso también remite a la memoria. En entrevista con Enfant Terrible él mismo lo confirma: la atmósfera lo llevó a mirar de frente el atentado a la Fábrica Militar de Río Tercero, un episodio que marcó a su ciudad y a su propia identidad. A través de ese sueño de pop y neón se filtra lo político, lo traumático, lo que todavía vive en el recuerdo colectivo.

Musicalmente, Tragos Caros se mueve con elegancia minimalista: un saxo sensual que merodea como personaje secundario, synths de brillo tenue, beats suaves, texturas cálidas, melodías sin euforia, pero cargadas de insinuación. A veces ternura, a veces pesadilla difusa. Es el tipo de pop íntimo que dialoga con referentes como Alex Anwandter, pero desde un lenguaje propio: más casero, más VHS de cinta gastada, bien nocturno.

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PERLA – SO CASANOVA

Por Santiago Miranda

Si el pop nacional está sufriendo su fase más experimental y rupturista, So Casanova lo devuelve a su lugar seguro: la canción. Perla, su primer disco de estudio, se nutre de sonidos tan tradicionales como modernos (de la bossa nova al house, del jazz y el r&b al indie pop), siempre bajo una impronta clásica. 

Bajo ese filtro, sus piezas se traslucen en colores. El deseo carmesí de “En Mi Cama”, la nostalgia naranja de “Beso Impostergable” y la melancolía azul de “Deep” configuran un tracklist que funciona como una paleta cambiante, con la sensibilidad como eje. Al mismo tiempo, la obra actúa a modo de puente generacional: si entre los créditos de producción figuran nombres como los de Bernardo Ferrón, Nahuel Barbero y Edu Valdés (todos partícipes de lo que alguna vez se llamó “pop cordobés”), las presencias de Fer Rivarola, Gringo Juan, Amparo Basualdo, Rosario Serafin y Paz González confirman el aire renovador del LP.

En el medio, Casanova se afirma como una cancionista hecha y derecha, con un tacto finísimo para la melodía y los arreglos. Sin temor a lo naif, encuentra en la transparencia una de sus máximas virtudes como compositora. Su voz ejecuta el artificio: delicada, hace de la piel de sus canciones un armazón inquebrantable.

Íntimo y sofisticado, Perla traduce la vulnerabilidad en un gesto de valentía: aquel momento en el que el polvo se convierte en el reflejo de una estrella. 

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AL DETALLE – TIEL & DWAV

Por Franco Benvenuto

Por segundo año consecutivo, la sociedad entre Tiel y Dwav materializa un nuevo álbum. Lejos de la fricción de su predecesor, Yechezk’el, rapero y productor se sumergen en una profundidad oceánica. Donde antes habitaba la tensión, ahora se construyen mareas de texturas y un drumless que ofrece el lecho ideal para la inmersión. Este clima nace de una circunstancia que jugó a favor: la extensión de las sesiones de home studio hasta la madrugada obligó a modular la voz. Dwav supo transformar esa restricción en el hallazgo estético central, capitalizando el volumen bajo para esculpir una intimidad absoluta y cautivadora.

Mientras tanto, el rapero de La Resurface repliega su faceta más beligerante para dirigir la mirada hacia adentro. Tiel se planta ante el micrófono con los brazos caídos, la espalda arqueada y las palmas abiertas, como quien reniega de la carga de tener que pronunciar estas palabras. Su lírica pone el foco en iluminar miedos propios y ejercitar una empatía conmovedora, capaz de comprender la soledad detrás del ego: “Dicen que necesitás protagonismo, yo sé que solo querías que te escuchen un rato”.

La calma impera en la obra y funciona como el vehículo ideal para reafirmar la identidad. Tiel proyecta su origen desde la suavidad del sonido, logrando una síntesis precisa entre la vulnerabilidad emocional y sus propias convicciones. Esa autenticidad respira en cada verso y se cristaliza en una sentencia de principios inquebrantables: “Amo a su hija pero no me saco la visera ni para entrar a la farmacia: perdón”.

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SPACE EXECUTORS – TOMMY ZAM & STICKY BANGER

Por Franco Benvenuto

Sticky Banger y Tommy Zam transforman su extenso historial de colaboraciones en Space Executors, primer disco a dúo que termina de documentar una química ya probada entre el pampeano y el correntino, ambos radicados hace tiempo en estas tierras. Toda la producción queda en manos de Banger, quien impone una firma de autor inconfundible: atmósferas densas cargadas de texturas de jazz que construyen una espacialidad envolvente. Es un sello tan propio que te basta escuchar dos compases para saber quién está en los controles, orbitando en una frecuencia que ya hizo suya.

Cuando gran parte del rap argentino parece profundizar en el drumless (beats sin batería), la dupla llega como una especie de guardianes del boom bap. Ellos eligen saturar el golpe, reivindicando el sonido bien noventero. Van a contramano de la tendencia para reafirmar que el cuello se mueve mejor con una caja marcada, apostando a la contundencia rítmica como columna vertebral de todo el proyecto.

En el micrófono, la dinámica funciona por contraste de temperaturas. Tommy Zam ataca las instrumentales con una verborragia ansiosa, encadenando sílabas con una intensidad física que parece ignorar la necesidad de respirar. Sticky Banger, en cambio, opera desde la agudeza mental: su escritura corta el aire con ocurrencias ácidas y una picardía admirable. Esa mezcla entre el desborde de energía de uno y la lucidez irónica del otro es el motor que mantiene al disco girando.

Sin vivir del recuerdo, Space Executors logra que lo clásico se sienta fresco y urgente. La obra se sostiene por sí sola, plantando bandera con la seguridad de quienes conocen el oficio y no necesitan mirar a los costados para validarse.

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LA LLAVE DE ORO – WHO’ SNEAKY

Por Santiago Miranda

La Llave de Oro nace de una improbabilidad: la de enhebrar una obra a la altura de un grupo tan misceláneo como Who’ Sneaky. Más que figuras arquetípicas del hip-hop, Killimet, J-1, Román Yougareth, Santoz y Sneaky D.Fak parecen salidos de un cómic. Cada uno con su skill y estética particular, los cinco raperos vienen trazando sus trayectorias solistas en torno al colectivo, que ya hace años se diferencia como una de las propuestas más profesionales de la región. 

Bajo esa premisa, su debut en conjunto de larga duración es toda una quimera. Las quince canciones componen una criatura de morfología mutante, con lo súbito como pulso. Con beats de Canter, Fiji y Santoz (que, además, oficia de productor total), la única regla es el hit permanente: del drumless al EDM, sin distinción. Vestidos de superstars, los versos de sus autores salen disparados con potencia meteórica, como si estuvieran cubiertos por una estela dorada. De la puesta bélica de “Decepticons” al trap atlético de “Otra Noche Más”, el resultado son piezas grandilocuentes que se lucen victoriosas desde el vamos.

Así, Who’ Sneaky presume la clave de su hazaña: para orquestar una épica, parecer es tan importante como ser. O como bien resume uno de sus estribillos: “¿Dónde has visto otro grupo por ahí / que cierre sus puertas y tenga la key?”. 

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