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Notas distorsionadas por una noche de ruido

Tres bandas, una misma consigna: romper todo. Las Rutas, MORFAR y Levantamiento Neblina compartieron una fecha de puro rock local en Pez Volcán.

I. El bueno

Buscaremos refugio / en un lugar oscuro: la voz de Juan Hueda profetiza el presente. Atravesar el pasillo que lleva a la sala principal de Pez Volcán se siente, en este momento, como el reinicio de un ritual secreto. La llegada de marzo normaliza la agenda de recitales en Córdoba y, a la par, renueva una promesa que esta noche toma la forma de un eco de distorsión. 

Fotografía por Paula Miranda

Sobre el escenario, Hueda y compañía exhiben las credenciales de Las Rutas como una banda que, por sobre todo, goza de un título merecido: el de sonar bien. Pero ojo, la cosa no termina ahí.

El tono ligeramente rasposo del vocalista (de bigotes discretos, permítanme, a comparación de Juan Cruz “El Bludi” Ludueña, cuya imagen y prestación en el bajo resultan magnéticas) le imprime cierto aire bucólico a las interpretaciones de su grupo. Piezas como “Bandidos” confirman la intuición, mientras reimaginan la vida urbana como el escenario de un wéstern rural (“Las calles a oscuras / las almas en pena / y los borrachos se matan en un rincón”). De total black, los cuatro miembros posan inamovibles en su formación clásica: dos guitarras, bajo y batería. Palo y a la bolsa, ¿para qué reinventar la rueda?

Las Rutas no trata a su materia de trabajo simplemente como un objeto arqueológico (basta de “volvió el rock”, por favor), sino como un sujeto vivo que brilla en los matices más que en la pretensión (“Ya no me importa cambiar”, se le escucha a Hueda). Entre la desfachatez y la nostalgia, su setlist busca estacionarse en la adrenalina y no tanto en la languidez característica de referentes nacionales del género. El blues rock suena mejor así, cuando se vuelve un bucle hipnótico, pero también rabioso (¡qué viva el riff!).  

Bajo ese ánimo, los muchachos de negro abandonan las tablas dejando la estela del volumen alto en los tímpanos. Y atención a lo que sigue, porque ahí se devela el truco de esta triple fecha: pudrirla, in crescendo

II. El malo

Pez Volcán es un pulmón. Se llena, vacía y vuelve a llenar de a intervalos cortos, lo que hace difícil calcular el estimado total de presentes en la sala. De mínima, vale destacar que el recinto está cargado. No explotado, pero dignamente (muy) poblado, lo que no es poco para un circuito en el que cortar tickets lejos está de ser una certeza y mucho menos una garantía.

Lo que sí es cierto es que, a la hora de MORFAR, la energía es la de una estampida. Esa es la magia de los buenos power trios: convertir el esfuerzo de pocos en una fuerza multitudinaria. Guitarra, batería y voz bastan para desatar a la bestia. El sonido resultante de la sinergia entre Nina Romeu, Santiago Llorente y Lautaro Della Vecchia acorrala. Alguien pecará de ocurrente y dirá The Dead Weather, Royal Blood, Eruca Sativa o Rage Against The Machine: no importa. Antes que indagues en las coordenadas, MORFAR ya te pasó por encima. 

Con nada más que un single grabado, la banda exhibe un repertorio que, solo en base al vivo, parece contener décadas de ensayo. Su performance desborda de una ferocidad contagiosa, que se ancla en la cinética con la que se articulan sus tres cabezas. En la batería, Della Vecchia azota, azota y azota; a su lado, Llorente administra sus líneas con un pulso animal, mutea sus cuerdas y luego las libera en frenesí nervioso. ¿Cuánto vale la actitud? Romeu responde: “Chico raro / te falta cuero / sos un muñeco, uno más del montón”. A casa. Durante los cuarenta y pico de minutos de show, Nina hace gala de sus dotes vocales, mientras se mueve con la gracia y el peligro de un escorpión.

De ahí en más, el tridente ejercita sus cualidades. Llorente cada tanto se despacha con un solo visceral, Della Vecchia toma el micrófono para versionar “Mala Noche” (¡qué viva Riff!) y terminar con “Birras, puchos, antros, bares”, caballito de batalla que resume su paso por el escenario: seducción y destrucción. 

Así es con MORFAR: una vez que te muerde, no te suelta. Sacude la carne y deja los huesos vibrando. Cuidadito. 

III. El feo

En el seño fruncido de Andy Abregu está todo. Mientras ataca su instrumento a una velocidad imparable, su rostro se desfigura para revelar las verdaderas intenciones de su banda. A no confundirse: Levantamiento Neblina es un grupo comando. Sus cuatro integrantes se desviven para disparar un hardcore expulsivo y, a la vez, teledirigido.  

Con el aire ya espeso, la última presentación de la jornada no se ahorra nada. Levantamiento arrasa cual topadora. Hace lo que tiene que hacer un proyecto de su estirpe: sonar rápido, duro y roto, todo al mismo tiempo. Sobre las visuales, títulos como “Contractura” sintetizan la violencia y reflejan su efecto en el cuerpo. En el grito gutural de Brisa Flores, las palabras se ahogan en combustión: “Acá la realidad es que / se cobra, se viola, se paga y se mata / siempre, en pesos”.

A pesar de la explosividad de Sivadon (bajo) y Barale (batería), el tiempo se agota. Así como irrumpió, el cuarteto se retira forzosamente. A este punto, los oídos zumban. Por un instante, Córdoba se anula en un pitido ensordecedor. Entre tanto ruido, sobreviven algunos restos: 

Encontrarnos y encontrar

En esta ciudad

Encontrar es imposible

Nos mantiene invisibles

A veces la potencia se esconde ahí. En los rincones donde no da la luz, el sonido crece. Cada vez un poco más.