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Rancixs Club: pogo y catarsis

El grupo cordobés presentó su primer LP en Pez Volcán, con Bicinena dando inicio a una fecha atravesada por el punk, la identidad y la energía colectiva.

Sana mi pena cuando no encuentre ningún descanso

Outfits en tonos negros, cuero, red, cuadrillé y remeras de la banda definen el tono de una escena que empieza a armarse incluso horas antes del show. La expectativa es clara: el debut en vivo de un disco que genera ruido en el circuito local.

Fotografía por: Verónica Gleiser (@v33ro)

La apertura está a cargo de Bicinena, con una propuesta que descoloca desde lo estético y lo sonoro. Sobre el escenario, un Bicinena armado con almohadones y una bandera con los colores trans marcan la pauta. Calzas blancas, telas de jean, cinturones anchos, chalecos con encaje y botas: una estética que dialoga con los años 60, pero llevada a un terreno propio. La performance es clave. Guadalupe, en voz, aparece con un parche en forma de corazón en el ojo, mientras Agustina sostiene un cigarrillo encendido para interpretar una versión en español de “Bang Bang (My Baby Shot Me Down)”. Entre lo teatral y lo emocional, la secuencia construye una tensión que el público —todavía tímido— empieza a soltar en temas como “Chica Fantástica” o “Me corté el flequillo en casa”.

El clima queda preparado. Cuando Rancixs Club sale al escenario, el Pez ya está lleno. Más de ciento cincuenta personas, pogo desde el primer tema, cuerpos en el aire, un trapo de Córdoba que atraviesa la sala: la exaltación es inmediata.

Formada en 2021, el ADN de la banda se constituye de sonidos rápidos y potentes, fusionando punk y hardcore. Sus letras son directas, sin rodeos, donde la acidez roza lo cómico: “Debajo de mi cama hay un gato muerto / con las tripas fuera y el hocico abierto / el que dice cinco se lo comerá”. El cuarteto —Ana Laura (guitarra y voz), Rosetta (guitarra y voz), Benja Saiz Lepe (batería) y “Ska” (bajo y voz)— ya había dado una primera muestra en su EP debut de 2024, Vómito Uterino. Pero es con Para No Dormir donde esa identidad termina de expandirse. En apenas veintiséis minutos, el disco propone un recorrido intenso, que arranca bien arriba con “Histeria” y no baja la guardia, incluso en sus momentos de pausa. Temas como “Capricho” funcionan como pequeños respiros, aunque la sensación de fondo sigue siendo la misma: una energía colosal que no termina de disiparse.

En vivo, ese pulso se amplifica. El sonido se vuelve más crudo, más corporal. Bajo y guitarra consolidan una fuerza que atraviesa toda la sala, mientras la batería marca el ritmo del agite, que no se detiene. Durante “El Gato”, uno de los momentos más celebrados, se suma Valentín Valeo en guitarra, llevando el tema hacia un terreno más cercano al dance-punk, sostenido en el groove y la repetición.

A lo largo del show, las canciones funcionan como disparadores de escenas. En “Surf Nudista”, la obsesión aparece sin filtro: “Tengo que dejar de pensar / ya no soporto más que no me dejes dormir”. En “Las Keteras de Luciano” —uno de los puntos más altos de la noche— la ironía y la violencia conviven en una misma línea. Hacia el final, “El chiste del pico cortado” profundiza en la pérdida de control, mientras que “Canción de cuna” baja el vigor sin abandonar la incomodidad: “Si todo esto es tuyo, no lo quiero”.

También hay lugar para pequeños hitos ya reconocibles dentro de su repertorio: “Uwu”, “Los Amigos” y “El Perro” actúan como puntos de complicidad y encuentro con una audiencia que responde en todo momento. Para quien no viene siguiendo de cerca a la banda, la experiencia en vivo resulta transformadora: incluso sin ser un género habitual, la energía, el vínculo con el público y la potencia sonora –especialmente en bajo y guitarra– forman algo que trasciende la escucha individual. Es físico, es colectivo.

Lejos de cualquier nostalgia, lo que se ve en Pez Volcán no responde a una escena que resiste, sino a una que está viva, en movimiento. El punk, al menos en Córdoba, no necesita reivindicarse: se grita, se empuja, se actúa. Y se construye, como esta noche, entre cuerpos que no buscan descanso.