La artista de Jesús María reversionó sus canciones en formato full band para brindar el show más memorable de su trayectoria.

1. Una rapera cordobesa encabeza su propia fecha, sin compartir cartelera, en uno de los principales spots del circuito local.
2. Lo hace con banda.
3. Es una de las figuras más respetadas de la movida, recientemente galardonada como “Artista urbana del año” en los CIEyA.
Por separado, cualquiera de estos hechos constituye un suceso llamativo en el marco de la escena cultural de Córdoba; juntos, configuran un acontecimiento casi excepcional. De eso, justamente, se trató la actuación de Natasha Fei (emcee, beatmaker, ilustradora y más) el pasado 22 de noviembre en Chilli Street Food: una noche cargada de expectativas fuera de lo común. Lo notable, en todo caso, es que no solo las cumplió, sino que las superó, consagrando un gran momento en su carrera.

Premios aparte (siempre discutibles en sus criterios y categorías), la mayor novedad dentro de la trayectoria de Fei es la incorporación de instrumentación en vivo. Ojo, no es la primera vez que un rapper local se presenta de esta manera: fuera de las jams, Crotos Club, Tomasito y J-1, entre otros colegas coetáneos, ya han explorado el formato en tiempos recientes. Aun así, lejos está de ser la norma. Bautizados como los Yurikens, el grupo ensamblado por Natasha destacó por su heterogeneidad: a los ex Paint Shooters —Canter Beat (bandejas), Javier Bochaka (batería) y Fransis Frappzter (bajo)— se les sumó Candela Ross en coros y Jo Gabissi en guitarra, su socio creativo en Ciudad Bendita.


Con esa base, la presentación siguió acumulando condimentos especiales, con una apertura en clave cypher en la que nueve spitters invitados desfilaron uno a uno bajo el amparo de las pistas disparadas por Fino y Elegante. La Juli, Alfonsina, Killimet, Puro, Petete el Terrible, La Prima, Juli L, Solojoints y Joel dieron testimonio de la diversidad estilística del rap que se curte en la Docta.
Con la palabra ya bendita, Natasha Fei se subió al escenario en pose de ingreso triunfal. En compañía de los Yurikens, sus canciones tomaron un brillo nuevo. De tinte orgánico, las tres piezas que integran Ciudad Bendita fueron ejecutadas en su forma concebida y vibraron en todo su color, evidenciando las horas de ensayo de un conjunto que se mantuvo en modo relojito hasta la última nota. En ese tramo inicial quedó clara la predisposición de la velada a encontrar sus pasajes de mayor impacto en los momentos más contrastantes, del paso íntimo de “Narciso” a la potencia de “Mamá Gorila”.

De ahí en más, la jesusmariense dio prueba de sus años en el juego y recordó que su repertorio es más amplio de lo que parece. Entre singles, inéditos y otras prestaciones, confeccionó un setlist a la altura de un acto estelar, mostrándose férrea y versátil. La reconversión de su catálogo le dio aires frescos: de trap, “Ciudad Bendita” pasó a ser un rap rock nervioso, mientras que su cypher en la Don Rimador adquirió la épica de una balada.
Si la monotonía amenazaba, había quien cuide la retaguardia: los apoyos de Ross fueron aliados fundamentales, mientras Gabissi aprovechaba cada oportunidad para despachar un solo hipnótico. Hasta hubo espacio para el jolgorio, con una versión atinadísima de un clásico como “Una Calle Me Separa”. Entre tanto movimiento, Fei se demostró plenamente asentada en su papel de frontwoman. Siempre prolija, con la disciplina como mantra (“El trabajo duro es mejor que la virtud”, se la escuchó rapear), no acusó prácticamente recibo de las decenas de los minutos escupiendo (y cantando, vale aclarar). De intervalos breves, cerró una performance intachable.

Natasha Fei viene haciendo las cosas bien. Hasta ahora, su camino lleva el sello de una firma cada vez más profesional, que además se anima a ampliar sus horizontes artísticos. También señala el rumbo a seguir de alguien cuya filosofía podría resumirse en una de sus líneas: “Ser original es ver la raíz, no parecer la rosa”. En este caso, logró ambas.