¿Sobre qué versan las letras del rap cordobés? Entre la urgencia y el anhelo de otro tiempo, Federico Frittelli recorre ocho piezas locales y traza una línea común allí, donde parece no existir.
—Usted lo ha dicho. Es así. Se cumple con una ley brutal que está dentro de uno. [...] Se cumple con la ley de la ferocidad. Es así, ¿pero quién le dijo a usted que es una ley, dónde aprendió eso?
El juguete rabioso, Roberto Arlt
I
S.M. [editor de Sangrando Sonidos] seleccionó para mí ocho letras de rap cordobés actual, del mismo modo en el que lo había hecho para mi nota anterior con las bandas cordobesas contemporáneas de rock/pop.
Letras, solo letras. Yo no sé nada de música. Sí sé leer, eso se me da bastante mejor. Leer al pie de la letra o leer en diagonal, del papel a las pantallas a las paredes, a través de múltiples textos en busca del patrón que defina el pulso de la ciudad en la que vivo y a la que jamás podría conocer lo suficiente como para decidir abandonarla. Esa es la música que yo escucho. De esa música sí sé.
A veces, en un buen día, puedo escribir mi lectura. A ver si hoy sale.
II
Contra la difundidísima idea de que los pobres solo pueden abrir la boca para pedir pan, el rap es y siempre fue la demostración de lo que puede ser un género nacido, cultivado y consumido desde, para y por los márgenes de una ciudad. Su marca característica es la urgencia: es muy difícil sentenciar de una vez de qué se trata una letra de rap, por más que ella misma lo intente, porque todo el tiempo se ve interrumpida por necesidades inmediatas, más acá de la abstracción literaria y más allá del realismo visceral que apunta al morbo. Por más que un rapero intente escribir una canción de amor, termina siempre obstaculizado por el hambre, la violencia, el crimen, la culpa.
Ayer quise un abrazo, me ofrecieron droga
Inédito [Cypher Don Rimador] – Puro [2025]
En esa línea del Puro, ¿está diciendo que en esa realidad la droga es más importante que el cariño? Por supuesto que no, lo que está diciendo es que la realidad de la droga es más insistente que la del cariño; que, en todo caso, está mejor repartida la droga que los abrazos. En todas las letras de la selección S.M., lo que hay es un anhelo de una existencia más prolija, con tiempos mejor divididos: unas horas para ganarse la vida, otras para escribirle una canción a una piba. Pero el ambiente donde vive está empecinado en enmarañar las temporalidades, ahí está la gran tragedia del rap actual (así como la gran tragedia del rock es la pérdida de la juventud, por poner un ejemplo).

Si te muestro el rap que hace mi banda, vas a hablar más fuerte
Crecí a los golpes y nunca vi un golpe de suerte
Espero que mi vida sea diferente,
como mi zona y el barrio que está en frente
Nos divide un puente sin baranda y una baranda a muerte
“Cena Temuer” – Dairo & Tiel ft. Puro
Ahí está, quizás, la mayor diferencia entre estas letras del under (esta vez sí) y la imagen de la marginalidad que se escribe desde el mainstream rapero (trapero, para ser precisos): si este último glorifica ese universo al cual sus artistas ya no pertenecen, el under repite una y otra vez que lo que ocurre en los márgenes es, a un tiempo, identidad y estorbo.
Creo que eso es lo que más me atrae de estas letras. Cuando leo el anhelo de pegarla, lugar común en el rap como no podría ser de otro modo, más allá de una búsqueda de seguridad económica leo el deseo por tener tiempo para escribir sobre lo que de verdad les gusta. Tiempo para pensar en otra cosa.

III
Insistamos un poco en la urgencia de estas letras. Esa sensación de riesgo constante que emana de estas escrituras, como si se le estuviera atajando penales a la muerte cada media hora, genera la imagen de un territorio sin ley, la ausencia de un código de mediación común que permita suspender las hostilidades. Aunque concluir esto no sería del todo justo, porque la ley no está del todo ausente: es, para el rap, el límite externo del mapa. Si interviene, si invade el barrio, es solo para castigar, jamás para ordenar. En ese sentido, la ley es otro más de esos estorbos, ni más ni menos que la violencia o la droga.
Ojos color zafiro, criminal es mi mambo
Un cana le dispara a un niño, animales sin tacto
Capaz el gesto de un adiós va a caminar de mi lado
Las luces cálidas de mi cuadra ya no funcionan
Las explotaron como a los obreros de la zona
“La cuadra” – Tomasito

Sin embargo, como todos lo sabemos, allí donde hay humanidad de cualquier tipo no puede no haber ley, no se puede interactuar sin código. Y allí donde no hay ley, entonces, hay que crear una. El rap lo hace. Es la Ley de la Ferocidad.
Así como la de Astier en El juguete rabioso (si Arlt hubiera nacido en este siglo, en vez de escritor sería rapero), la Ley de la Ferocidad no viene dictada por un garante externo que valide o no las conductas de los individuos. La Ley de la Ferocidad emerge del cuerpo y de la historia de cada uno en constante roce con la Ley de la Ferocidad de todos los demás. No hay juez, víctima ni culpable, y uno mismo se transforma, del mismo modo, en todos a la vez.
Cuando bajo la data, bajo al Centro
Me están siguiendo y ni tiré caramelos
En honor a mi padre, esta bala al cielo
Con el Balbo lleno en Año Nuevo
Dale paz a mi madre, porque yo no puedo
Estas barras me hablan y estoy suelto
Con el poncho al hombro como el Chaqueño
Yo no zapateo, ni por Malagueño
Estoy en las visiones de algunos raperos
Todavía me ven bailando al lado del fuego
Inédito [Chimi Cypher] | Roman Yougareth [2025]

Si bien debe tener sus características cordobesas propias, no veo demasiado sentido en distinguir entre raperos del under cordobés del rosarino, del porteño, del de Ushuaia: dudo que no se reconozcan hermanados bajo la Ley de la Ferocidad. Acá, esta vez, el under tiene un sentido, que es el de oponer una Ley de tierra a la Ley del cielo: en estas letras no hay autos, no hay cadenas, Gucci puede ser una pizzería y Dolce&Gabanna el doble cinco de Juniors del ’04, los amigos en vez de “tumbar el club” (pero por favor) laburan de Rappi a la madrugada porque, y esto es lo principal, no hay guita.
Tengo a un hermano haciendo envíos como heraldo
El otro curte la de hacer mil horas por dos mangos
Unos pares saltan la tapia con tal de no verse atados
Los que faltan se fueron rapeando
“Wacho Cauto” – Puro | Moondog [2022]
IV
No descubro nada si digo que la Ley de la Ferocidad que se lee en las letras del rap cordobés no es un “reflejo” de las condiciones sociales en las que viven. Los raperos no son realistas, no buscan denunciar ninguna situación a través de su arte. Además, ¿denunciarlo a quién? Tanto los raperos como su público conocen perfectamente la realidad material que inspira esas letras, que van más allá de la simple descripción de sus penurias. Prácticamente no hay quejas, porque no hay tiempo para andar quejándose.
La articulación que hace el rap de estas experiencias diseminadas es, de algún modo, más real que la realidades mismas que les toca vivir, que por experimentarse de forma sucesiva son más difíciles de visualizar en su conjunto. Esa visión unificada, al mismo tiempo subjetiva –pasada por el tamiz emocional del rapero– y objetiva –por la escalera de humilladores y humillados que compone la sociedad cordobesa–, esa Ley de la Ferocidad, al menos así lo leo yo, es transversal a las letras de rap cordobés que seleccionó S.M. en esta ocasión: Puro, Tomasito, Román, Dairo. Todos parecen entenderse mejor a ellos mismos y al resto que cualquier patético intento crítico que venga desde afuera del movimiento o del barrio, yo incluido.
Es más, si me apuran (clásico recurso para avisar que lo que se viene es una barbaridad) las letras del rock/pop cordobés tendrían mucho para beneficiarse si abrevaran de lo que está pasando en las letras del rap. No por fingir pobreza (encarecidamente no, por amor de dios) sino por tomar postura frente a la Ley de la Ferocidad, que tiene sus diferentes bemoles según desde qué lugar de la escala social se la experimente. Quizás el problema del rockero o rockera no sea la urgencia, como era al rapero, sino la falta de urgencia, la igualación de todos los tiempos en una sola masa uniforme: eso, también, puede ser desesperante.
V
Pero en fin, conviene que no nos distraigamos.
Sé bien que, bajo la Ley de la Ferocidad, toda sentencia es injusta, pero debo ser honesto y optimista con ustedes (qué vergüenza): creo que las letras del rap cordobés están en buenas manos. No podría concluir este ensayo de otra forma, más aún cuando leo versos como estos en la selección de S.M.:
Miamorazo, ¿qué hay mañana?
Presumo y la pisamos
porque el mundo va a seguir girando
aunque le llueva Label a mi caja
Ando al aceite y fuera de casa
We don’t have days en paz
y los días pasan, pasan, pasan
Inédito [Cypher Don Rimador] – Puro [2025]
Desde mi pasividad crítica, no me queda más que quedar a la expectativa de qué va a pasar ahí cuando alguno de ellos, o todos, la peguen: ¿empezaremos con la bobada de nombrar en las canciones la marca de las carteras de las influencers que aparezcan en los videoclips? ¿O indagaremos en la sobrevida de un cuerpo y una mente que, criados en la Ley, ya no la necesitan más? ¿La Ley de la Ferocidad se deja olvidar tan fácilmente?
De verdad no sé.
Estaré atento,
FF